Una tarde de 1995, de paseo por el centro, nos llevó mi madre a ver la tienda. Se estilaban por entonces las filas de auriculares donde podías escuchar las novedades del momento. Ali, mi hermanita, estaba cansada, se puso protestona y, para evitar probables llantinas, la pusimos a escuchar un disco cualquiera. Como media hora estuvo la niña con la misma canción allí solita. Dio la casualidad que era la más famosa de Ketama, cuyo estribillo dice:
que sabemos lo que queremos
vive la vida
igual que si fuera un sueño
pero que nunca termina
que se pierde con el tiempo
y buscaré, oye pero buscaré
La niña, con cinco años, se lo aprendió. Para qué quisimos más. Primero días, después semanas, cada día cantaba ( y bailaba) mañana, tarde y noche el 'no estamos locos'. "Yo quiero el disco de Ketama", "Ketama es mi grupo favorito", repetía.
Ahora, que ya se ha hecho un poco mayor y Ketama no es su grupo favorito, está de Erasmus en Roma. Por lo que se ve tiene tiempo libre y se ha hecho un blog. Me he acordado de esta historia al ver el título:
Igual que si fuera un sueño
Por cierto, consiguió el disco.









Había una vez una familia muy rica que vivía en un palacio. El palacio era muy grande y muy bonito. El palacio era de golosinas, chuches, caramelos y muchos dulces más. El palacio también tenía un jardín. Los jardineros eran un gigante muy pequeño y Pulgarcito que era muy grande. La criada del palacio era una bruja muy buena y muy guapa que al cabo del tiempo se casó con un príncipe que cuando la bruja le besó el príncipe se convirtió en una rana. La reina era la reina de los corazones, el rey era el rei Midas, los reyes tenían cinco hijos. El más pequeño era Aladín, después la Cenicienta, Pinocho, la Bella durmiente y la más grande era Blancanieves. La família tenía una mascota, el gato con zapatos de cristal, que era muy egoista y si alguien no le hacía caso el gato le arañaba y le dejaba muy mal, el gato también era muy presumido, siempre le llevaban a las peluquerías más caras de toda la ciudad. 






