domingo, 18 de enero de 2009

Living in Edinburgh (first week)

Después de casi una semana viviendo aquí, creo que es hora de ir contando cosillas sobre mis primeras impresiones. Antes de eso, como se puede ver he cambiado el formato, el titular del blog, y el texto del perfil porque con mi nueva vida ya quedaba un poco pasado :D

Lo primero que impresiona cuando llegas a Edimburgo es lo increíblemente bonita que es esta ciudad. Ya en el trayecto del autobús del aeropuerto al centro te puedes ir haciendo una idea de lo que vas a encontrar después. Si tienes la mala suerte de ir –como nosotras- cargado hasta arriba con maletas y demás puede que disfrutes menos del viaje –juro que estuvimos sudando como pollos a no se cuántos grados bajo cero más el plus del viento-. Pero dejando estos contratiempos de lado, una vez dejas los bultos y sales a pasear, te das cuanta de que la capital de Escocia tiene un encanto especial. El paisaje en su conjunto es de color gris nublado –si no está lloviendo continuamente da la sensación de que va a empezar a hacerlo de un momento a otro- y verde césped. Huele muy bien. Muchas de las casas son como castillos pequeñitos, con sus torreones y todo. Las calles tienen la apariencia de ser muy antiguas y sus desniveles son increíbles, lo que significa que te pasas el día subiendo y bajando cuestas.

Si le pudiera poner una banda sonora a esta ciudad, sin duda sería la melodía de una gaita. En el centro te topas constantemente con personajillos que van vestidos con el ‘kilt’, que es el traje típico escocés, y tocan el instrumento de puta madre. Si todo esto lo acompañas con la simpatía de sus gentes (y esto no es un tópico, es real al cien por cien. De hecho yo me sorprendo continuamente de lo majísimos que son todos: Si te ven perdida mirando un mapa te preguntan que donde vas y te orientan, si no entiendes bien el idioma te lo repiten las veces que haga falta y con una sonrisa don´t worry! It´s not a problem y cosas así. Ejemplo: cargadas con las maletas, un chaval nos vio pasarlo mal y se ofreció, sin pedir absolutamente nada a cambio, a llevar nuestro equipaje todo el camino!) al final quedas encantado.

Otra cosa es Edimburgo de noche, cuando se convierte en el escenario perfecto de cualquier película de terror (y de noche es a partir de las 17.00 horas). Vas andando y te da la sensación de que en cualquier momento te puede asaltar un violador, un asesino, o el fantasma de la ópera por lo menos. Es tétrico hasta decir basta. El otro día íbamos por la calle más siniestra que había visto en mi vida con el paso ligero y el corazón acelerado para ver un piso. No pasaba nadie por allí y si pasaba alguien solía ser algún señor con pinta de enterrador o alguna vieja bruja. Cagadas de miedo seguimos andando –porque aquí nos estamos convirtiendo en un par de valientes que lo sepáis- oyendo ruidos cada vez más raros. Al final, los ruidos procedían de un gato –negro, por supuesto- que se nos cruzó en el camino para no alterar el toque terrorífico de nuestro paseo.

Bueno me parece que me estoy extendiendo un poco, en el próximo episodio hablaré sobre la party escocesa, que merece su propio capítulo. Como adelanto sólo diré “¡Están locos estos escoceses!” (Esta última frase no es mía, sino de Obélix, no vaya a ser que tenga problemas con el lío este de los derechos de autor). See you!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No os preocupéis, que aunque las calles sean tétricas de noche, nunca pasa nada... Es una ciudad super tranquila, a pesar de (me imagino que ya os habréis dado cuenta) la enorme cantidad de borrachos que hay sueltos por ahí. Pero no os asustéis, de verdad, no hay peligro. Veo que habéis descubierto también los encantos de la noche escocesa... Espero el siguiente post!! Un besazo

Isaac dijo...

Ey, no dejéis de apuntaros a unas visitas guiadas de noche por la ciudad y sus bajos fondos... y veréis lo que es ser valiente.... o no...